19/4/18

REFLEJO HORIZONTAL



¡Cuánto miedo a la relación desnuda de especialismo, asumido o proyectado!

Miedo a eliminar esa distancia de seguridad en forma de pedestal.

Miedo a que el otro me muestre, en un reflejo horizontal, lo que el reflejo oblicuo disimula: la falta de amor que siento cuando te miro con mis lentes empañadas de culpa.

Y en ese miedo… me espera el amor.

Dispuesto a limpiar con su dulzura mi mirada.
A secar con besos las lágrimas que me trago.
A sanar con caricias mis heridas.

A susurrarme al oído:

"Nunca te abandoné. Siempre estuve esperándote aquí, en el punto exacto en el que creíste que no eras digno de mí. En mitad del miedo a ser abandonado o rechazado. En mitad de esa idea alocada de que tenías que partir en busca de algo que no poseías, algo que te hiciese especial, algo que pudieras ofrecerme a cambio de lo que ya es tuyo por herencia… que te pertenece por razón de quién eres.

¡Ya lo has intentado tantas veces...!

Ahora descansa. El viaje ha terminado. Y con él, la búsqueda de ideales sostenidos en un pedestal. Deja que caigan al nivel del suelo que todo lo iguala. Deja que el cielo tome tierra. Y ahora mira de nuevo a los ojos de ese hermano, de esa hermana, que colocabas por encima o por debajo de ti. ¿Me reconoces ahora?

¡Bienvenido a casa!"

1 comentario:

Luisma dijo...

"Y en ese miedo... me espera el amor"
Si, qué bien expresado, con qué clsridad y sencillez. El perdón suténtico, sin juicio, el ejercicio continuo de la aceptación total, de la amorosa y radiante rendición. Gracias, Pedro